lunes, 28 de diciembre de 2009

Cambio de realidad.

Con la entrada de un nuevo año o comienzo de un nuevo curso, aparecen los propósitos y nuevas metas personales/profesionales, estímulos necesarios que refresquen los sinsabores pasados y alimenten de esperanza el futuro.
Todos aquellos que se hayan enfrentado o quieran enfrentar un cambio de escenario laboral, (cambio de compañía, sector profesional o incluso competencias por las razones que sean) una vez alcanzado, digamos cierto 'éxito' profesional, suelen pasear por un camino definido en tres etapas:
  • Comienza la escalada. Una primera etapa definida por la ilusión y energía propias del que sabe que ha conseguido ciertos logros y porqué no, donde aplicar todo su conocimiento pasado. Siente que tiene la mochila plena de experiencias que podrá aplicar en su nueva realidad. Aprendizaje continuo, preparado para aplicar fuera de lo que había sido su zona de control.
  • Segunda etapa. Cresta de la montaña. Ahora que uno se ha empapado de cuales son las nuevas corrientes decisorias, los entresijos corporativos, las sinergias grupales llega el momento de la puesta en acción.
  • Tercera etapa o decenso de la colina. En la medida que tengamos de que esperábamos conseguir y donde hemos llegado realmente aparecerán diferentes grados de frustración o complacencia. Es en esta etapa y no en otra donde la mayoría de las personas se plantea si el entorno le aporta algo o si ella misma aporta algo de valor al entorno.

Se ha completado el cambio de realidad laboral y sin embargo se ha vuelto al origen del camino. Expectativas poco realistas, remuneración, reconocimiento social, y el tan repetido pero poco específico "desarrollo profesional" ¿nos pueden, de verdad, llevar otra vez al punto de partida?

En la otra inteligencia, Adele B. Lynn, expone algunas de las falsas creencias que podrían ayudarnos a contestar esta pregunta, ya que parte del proceso de maduración personal dependerá de cuando encontremos respuesta. ¿Son nuestras expectativas un reflejo del espejo social?

El efecto pigmalión

Vaya por delante, que no soy muy amigo de etiquetar o estereotipar ciertas cosas o 'stuff' que dicen los ingleses, pero cierta vez conocí a un compañero de trabajo, del que se creó una imagen precondicionada en su primer approach laboral.



Tal fue la cosa, que toda su valía intelectual quedó supeditada a la aparente falta de destreza manual que en aquel entonces se demandaba.



Nota: todo ello bañado en un carácter de introversión e ingenuidad propio de nuestros primeros días como asalariados y mas si cabe bajo un total y absoluto 'estado de sitio' .



En el fragor de la batalla, aparecieron los nervios , no existía tiempo de adaptación, periodo de aprendizaje, el tiempo corría en contra, gente recién salida de la universidad tenía que en fundarse el mono de obra y ponerse a soldar, crimpar, trenzar, cablear, taladrar, fabricar sin ni siquiera entender la finalidad de lo que hacía.



En seguida llegaron los reproches, y aquello no hizo mas que ahondar en el autocumplimiento de las comentarios pre-partido, todo a su alrededor estaba condicionado, "deja, ya lo hago yo..., todavía no has terminado...?, es que así no se pueden hacer las cosas...", estábamos presenciando el efecto pigmalión en su versión negativa, era una profecía que se estaba autocumpliendo y no podía hacerse nada al respecto, salvo tirar para adelante.



Todos a estas alturas estamos imaginando el final normal de la historia, y digo normal bajo la luz del indicador de desempeño aplicado en cualquier tipo de organización.



Punto de inflexión:



¿No tendría una persona capaz de licenciarse en telecomunicaciones ningún punto fuerte donde obtener un óptimo rendimiento y cuya valía quebrantase las leyes de pasillo establecidas?

¿No podría hacerse con esta persona una labor de creencia en sus fortalezas de forma que pudiésemos revertir la situación?

¿No existía forma alguna de aplicar el efecto pigmalión en su versión positiva?



Llamadme idealista, pero creo en la reafirmación positiva, mas que en la negativa, en postular mi posición de manera asertiva incluso contrariando a parte del núcleo del grupo y en aquella ocasión poner aquellas ideas en práctica supusieron un verdadero punto de inflexión.

Después de varias conversaciones privadas tanto con su responsable directo como con la persona en cuestión, conseguimos que trabajase con nosotros, convencerla de que era necesario para el proyecto, que existían tareas conceptualmente propiciatorias para sus características, y fue a partir de este momento cuanto aumentaron su implicación en el grupo y conformándose una solida base desde donde tuvo la autoestima y coraje suficiente para seguir enfrentándose y practicando aquellos talentos y destrezas menos fuertes.


Conclusiones:

El efecto pigmalión, o el descubrir como convencer/reafirmar a alguien en el logro, es algo a lo que creo necesario recurrir siempre como primera medida de acción, ya que son mas las veces que devuelve un resultado positivo que negativo, nose quizás sea porqué a mi me dieron primero esa oportunidad, y trato de completar mi cadena de 'favores'.

Además, en el peor de los casos,...